La historia bajo las calles, recorrido histórico por el barrio y monumentos

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Historia la Barceloneta
Abanicos con historia.

El pasado verano, el ayuntamiento de Barcelona repartió a los turistas unos abanicos de papel con un breve historia de la Barceloneta. La finalidad, además de refrescar al visitante, era hacerle entender que la zona en la que comía, se bañaba y alquilaba patinetes eléctricos tenía una historia detrás digna de ser conocida.

Una historia que se remonta a 1714 cuando Felipe V ordena la demolición de 38 calles y 1016 casas para construir la Ciudadela. Había que reubicar a los vecinos que se habían quedado sin vivienda y para ello el monarca le hace un segundo encargo al mismo ingeniero encargado de levantar la fortaleza. Próspero de Verboom, holandés, tendría que erigir un barrio en la antigua isla de Maians convertida en península tras dos siglos de acumulación de sedimentos procedentes del puerto. Allí, era la idea, se irían a vivir expropiados y trabajadores del mar.

La idea no fructificó y durante la primera mitad del siglo XVIII el espacio cercano a la playa estuvo ocupado por chabolas. Hasta 1749 no  se diseña una trama urbana que estructurara las futuras casas del barrio. La primera piedra de éstas se pone en 1753 en el cruce de lo que hoy es el Paseo Juan de Borbón con la calle Maquinista.

La llegada de la industria y el inicio de la especulación.

A mediados del siglo XIX, a las actividades marineras se les une una próspera industria con el establecimiento de empresas como La Maquinista, talleres El Ciervo o la Vulcano que atraen a numerosos valencianos. En 1838 otro holandés. El capitán de Meer tiene la brillante idea de levantar un segundo piso sobre las casas lo que provocará que se triplique la población de barcelonetos. Este peculiar sistema de especulación inmobiliaria fructificó y en 1869 se autoriza un tercer piso; en 1872, un cuarto y un quinto en 1832. Eso sí, las calles interiores seguían siendo igual de estrechas mientras que la monumentalidad se reservaba para el Paseo Nacional, actual Paseo Juan de Borbón.

El franquismo y sus manías.

Una placa y una pequeña exposición en la entrada principal del Mercado (Pla de la Font, 1) recuerdan que la Barceloneta fue uno de los barrios más intensamente bombardeados por el bando fascista durante la Guerra Civil española. Muchas casas quedan destruidas y a cambio surge la calle Almirante Cervera y, de nuevo, llegan las chabolas. La última gran obra antes de la transformación olímpica fue la construcción de inacabado Paseo Marítimo a finales de la década de los 50.

Durante el franquismo proliferan los edificios-fachada, construcciones “modernas” sin atractivo alguno situadas en las calles principales del barrio y destinadas a ocultar a los visitantes la pobreza reinante en el interior. Dentro de esta categoría están las casas-puente de Almirante Cervera o el horrible edificio que cierra el entramado de calles en la Plaza del Mar.  

Los 80 son yonquis.

Ya en los 80, el barrio sufre el azote de la droga y los yonquis campan a sus anchas por la antigua isla de Maians. En consecuencia, el nunca demasiado elevado prestigio social del barrio se desploma; no era inhabitual que al amanecer se encontrara el cadáver de algún heroinómano en la playa. Una playa que no tenía nada que ver con la que conocemos hoy.

La recuperación del mar.

Como sucedía en tantas ciudades marítimas, Barcelona vivía de espaldas al mar. En el barrio que nos ocupa, el Mediterráneo permanecía oculto tras un entramado de chiringuitos y almacenes de mercancías. La transformación olímpica supuso la apertura del barrio al mar.  En 1991 comienzan el derribo de los chiringuitos que usaban la playa como merendero primero y basurero después así como de los almacenes, clubs marítimos y casas de baños.

El plan de barris de hace un lustro ha facilitado la rehabilitación de fachadas y edificios que ahora sufren el mobbing inmobilario de quienes han visto que los cuartos de piso son perfectos para albergar turistas aún a costa de la desaparición del tejido social barceloneto.  Ellos (y un exalcalde que volvió a escamotear –parte- del mar a los paseantes con sendas edificaciones en el Port Vell donde dar servicios a la élite que aparca sus yates de lujo frente al barrio) son los principales enemigos de una Barceloneta que no olvida su historia.

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